El Machismo en México

Jun 10, 2012 Comments Off by

Por María José Juárez Becerra
Primera Parte

El machismo, a pesar de ser un mexicanismo, es un fenómeno complejo no exclusivo de la cultura mexicana. El machismo es una condición social presente en todo el mundo, cuya característica principal y general es la supremacía del hombre a costa de la opresión de la mujer. Sorprendentemente, los hombres consiguieron su hegemonía con la ayuda de las mujeres puesto que en la relación hombre-mujer existen ciertas actitudes y acciones que ejecutan (o no) las mujeres permitiendo y fomentando el machismo en su entorno. Sin embargo, para comprender ampliamente esta condición social se debe de considerar la historia y la cultura de la sociedad en la que se desarrolla, en este caso de la sociedad mexicana.

Autores como Octavio Paz y Carlos Fuentes coinciden con que el machismo mexicano se suscitó durante la época de la conquista, heredando algunos rasgos del machismo árabe y el español como la superioridad del hombre. No obstante, la mayor herencia que la Conquista dejó para la formación del mexicano fue la estructura familiar, la cual es el nido de la visión machista en México.

Díaz-Guerrero afirma que la estructura familiar mexicana consta de “dos proposiciones fundamentales: La supremacía indiscutible del padre y el necesario y absoluto autosacrificio de la madre” (Vargas, 2008:102). Para comprender esta aseveración, es necesario hacer una reconstrucción histórica de la Conquista, que, parafraseando a José Luis Pozos Gutiérrez se resume de la siguiente manera:

Mucha madre y poco padre
(1)
Tras instalarse en su nuevo territorio, los conquistadores tomaron por la fuerza a las mujeres indígenas y así, como producto de una violación, nacieron los primeros hijos mestizos. Las mujeres, ahora ultrajadas, en lugar de abandonar a esos, sus hijos, los aceptaron como tales, los criaron y lo más importante: los amaron. Este autosacrificio o acto de amor-y-abnegación provocó un inconmensurable amor hacia las madres por parte de los hijos. Aquel descomunal amor por la madre trascendió de generación en generación, tanto así que ahora es una característica inherente al mexicano, porque para él no existe nada, ni nadie más valioso que la mamá, ya que “madre sólo hay una” como dice un dicho popular.

En cuanto al padre, los hijos le guardaban odio y rencor por dos razones; primeramente por haber forzado y deshonrado a su madre, la segunda razón se debe al rotundo abandono de la familia. Sin embargo, como los padres eran los mismísimos conquistadores; poderosos, ricos y autoritarios, los hijos no podían tocarlos, ¡al contrario!, dado al alto estrato social al que pertenecían sus padres, los hijos debían respetarlos y obedecerlos. De esta condición nació la supremacía del hombre en la estructura familiar mexicana y la imagen del padre ausente (que por cierto pulula en la literatura mexicana), ambas son consecuencias que se han perpetuado hasta nuestros días.

Dentro de esta estructura familiar se da lugar a una simbiosis entre el poder y el amor, donde el poder recae en el hombre y el amor en la mujer. A cambio de poder, la mujer debe de rendirle amor al hombre y a cambio de amor, el hombre debe ceder un poco de poder a la mujer. En la casa si uno de los hijos no obedece a la madre, ella recurre a su aliado, es decir su esposo, para que imponga orden a través de su autoridad. Esta cotidiana escena del hogar mexicano es un acto que afirma, quizá inconscientemente, que el padre está por encima de cualquier integrante de la familia. Así como este sencillo ejemplo, hay un sinnúmero de eventos que se repiten y replican en las instituciones moralizadoras y en cada una de las relaciones de los miembros de la familia con sus amigos, compañeros de trabajo o de escuela, y sobre todo con sus parejas.

¿Será acaso que la mujer -por obtener poder en la estructura familiar, y más adelante en la social- negoció su amor a través de la sumisión y abnegación fomentando, simultáneamente, el machismo en México?

Retomando el camino histórico, en la lucha por adjudicar mayor poder a manos femeninas, diversos movimientos sociales en favor a la equidad de géneros se presentaron a nivel global, destacando el movimiento feminista. Sin embargo “la mayor parte de ellos se ha consagrado, desde el principio (desde mediados de la década de 1970) en adelante, sólo a la condición femenina” (La Cecla, 2004: 15). Es decir que se ha levantado, irónicamente, una lucha desigual pretendiendo buscar la equidad de géneros, tal es el desequilibrio de la balanza que ahora hay casos de violencia por parte de las mujeres hacia los hombres. No obstante, estas movilizaciones sociales trajeron consecuencias evidentes para la sociedad mexicana, como el derecho al voto en 1953 y la connotación negativa de la violencia física en contra de la mujer, volviéndola “socialmente inaceptable”. Esas revoluciones también han tenido un impacto, menos evidente, en los horizontes del pensamiento mexicano, haciéndolo un poco más flexible con respecto a los roles que tanto la mujer como el hombre deben de jugar en la sociedad. Aunque todavía queda un largo camino que recorrer para alcanzar la tan ansiada equidad entre hombres y mujeres en México.

Parecería que el fenómeno del machismo en México ha disminuido gracias a esas movilizaciones sociales, desafortunadamente no es así. Lo que en realidad ha sucedido con el machismo es que ha evolucionado hasta convertirse en lo que Marina Castañeda define como machismo invisible (2), el cual “defiende una visión del mundo hecha por hombres y para los hombres, pero fomentada por ambos sexos” (Vargas, 2008: 100). Este concepto muestra una realidad brutal: las mujeres han erigido su propia inferioridad social a través de acciones y actitudes cotidianas que, explícita e implícitamente, corroboran a la supremacía del hombre. Además, este nuevo machismo aparenta que la violencia en contra de la mujer ha quedado atrás, lo cual es completamente falso, el machismo invisible se sustenta de la violencia psicológica, la cual es aún más difícil de combatir dado que es menos tangible. Las relaciones de pareja en México están impregnadas de violencia psicológica; el aislamiento, los celos, la denigración, las humillaciones y amenazas, entre otras, son problemas que las mujeres viven, pero les cuesta trabajo aceptar, en sus relaciones.

(1).-“Mucha madre y poco padre” es una frase de Marta Lamas que se utiliza en este texto como el título de la breve narración sobre la reconstrucción histórica de la Conquista.

(2).-El machismo es un conjunto de creencias, actitudes y conductas que descansan sobre dos ideas básicas, por un lado la polarización de los sexos, es decir, la contraposición de lo masculino y lo femenino según lo cual no sólo son diferentes, sino mutuamente excluyentes; por otro, la superioridad de lo masculino en las áreas consideradas importantes por los hombres (…)no es necesario ser hombre para ser machista; muchas mujeres también lo son, en una amplia variedad de contextos y roles-como madres, hijas, amigas, hermanas y colegas (…) es así como el machismo puede ser ejercido en diferentes formas como son el chantaje emocional, la afectividad, el autoritarismo, la agresividad, la violencia y el poder. (Vargas, 2008: 100).

Referencias:

La Cecla, F. (2004). Machos. Sin ánimo de ofender. Madrid, España: Siglo XXI.
Lamas, M. “Madrecita Santa”. Consultado el 5 de abril de 2012 en http://www.mty.itesm.mx/dhcs/deptos/ri/ri-802/lecturas/lecvmx329.html
Paz, O. (2010). El laberinto de la soledad. Postdata; Vuelta al laberinto de la soledad. D.F. México: Fondo de cultura económica.
Vargas, I., Pozos, J., Sughey, L. (2008). Violencia doméstica: ¿víctimas, victimarios/as o cómplices? D.f, México: Porrúa.

México, Sociedad, Sociología

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